
Los faros de Canarias, y el que marcó el fin del mundo
Durante más de mil quinientos años, el borde occidental del mundo conocido estuvo en una punta de lava de El Hierro. No es una metáfora: era una convención cartográfica, y funcionó desde Ptolomeo, en el siglo II, hasta el descubrimiento de América.
Hoy en esa punta hay un faro. Y la historia de por qué está ahí explica bastante bien por qué estas islas tienen los faros que tienen.
El meridiano que estuvo aquí antes que Greenwich
Si el mundo conocido terminaba en El Hierro, lo lógico era empezar a contar desde ahí. Así que durante siglos, el meridiano cero, la línea desde la que se miden las longitudes, pasó por Punta Orchilla.
No fue solo una costumbre heredada. En el siglo XVII, el cardenal Richelieu y Luis XIII convocaron en París una asamblea de expertos para fijarlo formalmente, y la asamblea eligió el punto más occidental de las Canarias, la entonces llamada Isla de Hierro.
El meridiano se mudó a Greenwich en el siglo XIX, y El Hierro se quedó con algo más raro que un título: el recuerdo de haber sido, durante mil setecientos años, el borde del mapa.
El faro que llegó tardísimo
Lo llamativo es lo que tardó en construirse un faro en ese punto.
Las obras empezaron en 1924, con piedra traída de las canteras de Arucas, en Gran Canaria, y terminaron en 1930. Se encendió por primera vez el 25 de septiembre de 1933, hace ahora noventa y tres años casi exactos.
Cuesta imaginarlo: la punta que durante siglos marcó el fin del mundo conocido pasó a tener luz propia apenas hace tres generaciones.
Los otros, y por qué están donde están
Un faro no se pone donde queda bonito. Se pone donde hay algo que evitar o una esquina que doblar. Por eso el mapa de faros canarios es, leído del revés, un mapa de peligros:
Punta de Teno, en el extremo noroeste de Tenerife, al final de una carretera con acceso restringido, bajo un acantilado que se cae a pedazos.
Punta Cumplida, en el norte de La Palma, en una costa de roca negra y mar abierto.
Punta de Jandía, en el extremo sur de Fuerteventura, al final de una pista larga.
Punta de Pechiguera, en Lanzarote, mirando al estrecho que la separa de Fuerteventura.
San Cristóbal, en La Gomera.
Maspalomas, en Gran Canaria, hoy rodeado de ciudad, pero levantado cuando allí no había nada más que dunas.
Ese último es el que mejor cuenta el cambio: el mismo edificio que se construyó para orientar barcos en un sitio vacío es hoy el punto de referencia de un paseo marítimo lleno.
Cómo visitarlos
Tres cosas que conviene saber, porque los faros generan más frustración de la que merecen:
Casi ninguno se visita por dentro. Siguen siendo instalaciones de ayuda a la navegación. Lo que se visita es el sitio, no la torre.
Algunos tienen el acceso restringido por carretera, y no por capricho: Punta de Teno solo es accesible en guagua o taxi en las horas de restricción, precisamente por el riesgo de desprendimientos.
La pista de Orchilla es larga y aislada. Ve con depósito y con tiempo, y no lo dejes para el final del día.
Si te tienta El Hierro, que es la isla donde esto tiene más sentido, la guía de la isla te sitúa el resto. Para Maspalomas, la guía de Gran Canaria.
Y si lo que te gusta es exactamente esto, sitios con historia y sin cola, echa un vistazo a los lugares secretos de las islas.
Fuentes
Datos históricos del faro de Punta Orchilla: inicio de obras en 1924, piedra de Arucas, finalización en 1930 y primer encendido el 25 de septiembre de 1933.
Referencia cartográfica de Punta Orchilla como meridiano cero desde Ptolomeo y la asamblea convocada en París en el siglo XVII bajo Richelieu y Luis XIII.
Foto de portada: faro de Punta de Teno, Buenavista del Norte, Tenerife. Fotografía: Werner Wilmes, CC BY 2.0, Wikimedia Commons.

