
Lugares secretos de Canarias: los rincones que conocen los locales
Las Canarias de las postales son las de siempre: las grandes playas, los parques temáticos, el Teide. Pero hay otras islas debajo, las que enseñan los de aquí cuando ya tienes confianza: un charco de agua turquesa al final de una escalera, una aldea de casas-cueva, una cascada de colores dentro de un barranco. Esta guía recoge, isla por isla, rincones reales y menos transitados, con lo que necesitas saber para llegar y disfrutarlos con cabeza. No son secretos absolutos, pero tampoco salen en el primer folleto.
Isla por isla: los rincones que conocen los locales
Tenerife
En la costa norte, el Charco de la Laja (San Juan de la Rambla) es una piscina natural ovalada al pie de una larga escalera, con roca volcánica y agua cristalina; báñate solo con mar en calma y marea baja, porque el oleaje entra fuerte. Tierra adentro, en Anaga, Chinamada conserva una treintena de casas-cueva habitadas y termina en el Mirador de Aguaide, un balcón a 600 metros sobre el Atlántico al que se llega andando por el sendero PR-TF 10. Si te va el subsuelo, la Cueva del Viento (Icod) es uno de los tubos volcánicos más largos del mundo, con visita guiada y reserva previa. Más charcos en la guía de charcos y piscinas naturales de Tenerife.
Gran Canaria
El Cenobio de Valerón (Santa María de Guía) es un granero colectivo aborigen con más de 350 cavidades excavadas en un acantilado volcánico: una obra de ingeniería prehispánica que impresiona y que ofrece un respiro del turismo de masas del sur (tiene centro de visitantes y entrada). En el valle de Agaete, el Charco Azul es una poza interior de agua clara alimentada por una pequeña cascada, sin señalizar, a la que se llega caminando por el barranco.
Lanzarote
El Charco de los Clicos (El Golfo, Yaiza) es una laguna de un verde imposible dentro de un cráter, teñida por el fitoplancton; es reserva protegida, así que se mira desde el mirador, no se entra ni se baña. En el norte, bajo los riscos de Famara, la Playa del Risco es una cala de fina arena dorada frente a La Graciosa, a la que se baja por el Camino de los Gracioseros, el histórico sendero en zigzag desde Yé (dificultad media-alta, unos 4,5 km); sin servicios ni multitudes.
Fuerteventura
Las Aguas Verdes (Playa del Valle) son una sucesión de piscinas naturales transparentes en la costa oeste, lejos de los complejos turísticos; el último tramo es pista de tierra y hay que trepar algo de roca, mejor con marea baja y buen calzado. En Ajuy, las Cuevas de Ajuy son grandes cuevas marinas en una de las rocas más antiguas del archipiélago, junto a la playa negra, a 500 metros de sendero desde el pueblo. No es un secreto (recibe muchas visitas), pero su valor geológico la hace imprescindible.
La Palma
El Charco Azul de San Andrés y Sauces son piscinas de agua de mar protegidas del oleaje en la costa noreste, con zona infantil, aparcamiento y servicios: un plan tranquilo poco conocido fuera de la isla. Para los andarines, la Cascada de los Colores, dentro del Barranco de las Angustias (Caldera de Taburiente), cae con vetas amarillas, rojas y verdes por los minerales; se llega con una ruta exigente de barranco, con cruces de río.
La Gomera
Los Órganos son un acantilado de columnas de basalto de hasta 80 metros que parecen los tubos de un órgano gigante; solo se ven bien desde el mar, en excursión en barco desde Valle Gran Rey. En el bosque de Vallehermoso, Los Chorros de Epina son siete caños de piedra en plena laurisilva, ligados a una vieja leyenda de amor y suerte, a diez minutos de bajada desde la carretera.
El Hierro
En el norte, el Charco Manso es una piscina natural entre arcos y pequeñas cuevas de basalto, señalizada con montoncitos de picón; está expuesto al mar, que salta por encima de las rocas, así que conviene mirar el estado del oleaje. Y en el oeste, El Sabinar es un bosque de sabinas retorcidas casi en horizontal por el viento: el árbol doblado es el símbolo de la isla. Fotografíalas desde el suelo: subirse a estos árboles centenarios está prohibido y sancionado.
La Graciosa
La isla sin asfaltar guarda la Playa de las Conchas, un arenal dorado y salvaje bajo la Montaña Bermeja, sin un solo chiringuito (ojo, hay corriente y no es fácil bañarse), y Pedro Barba, un caserío de casitas blancas casi sin habitantes con una cala mansa de 110 metros. A todo se llega en bici, a pie o en taxi 4x4 desde Caleta de Sebo.
¿Sabías que? Los Órganos de La Gomera se formaron cuando una colada de lava se enfrió muy despacio y se contrajo en columnas verticales de basalto, el mismo fenómeno que la Calzada del Gigante en Irlanda. El mar fue después comiendo el acantilado hasta dejar a la vista esas "tuberías" de piedra, que solo pueden verse enteras desde el agua.
Cómo visitar los rincones secretos (con cabeza)
Los charcos dependen del mar. Báñate solo con mar en calma y, donde lo indiquemos, con marea baja. Descárgate una app de mareas y planifica la visita para la marea baja: es cuando el agua está más segura y bonita. Un charco bonito con mala mar es peligroso; si rompe el oleaje dentro, ese día no toca.
Calzado y agua. Muchos de estos sitios son barranco, roca o sendero: lleva calzado con agarre, agua y algo de comer, y sal con tiempo de sobra antes de que caiga la tarde.
Deja el sitio como lo encontraste. Son rincones frágiles y muchos están sin vigilancia: no dejes basura, respeta la vegetación y no hagas ruido. Que sigan siendo secretos depende de cómo los tratemos.
Pregunta en el pueblo. Los mejores detalles (dónde aparcar, cómo está el acceso hoy) los saben los de al lado. Un café y una pregunta valen más que cualquier mapa.
Descubre tu isla por dentro
Cada isla guarda muchos más rincones de los que caben aquí. En islas24 los vamos recogiendo isla por isla, con su ubicación y cómo llegar, para que montes tu propia ruta lejos de las multitudes. Elige una isla, sube a las medianías o baja a una cala escondida, y si quieres seguir por el lado más sabroso, echa un vistazo a la guía de dónde comer casero en cada isla.