
Las salinas de Canarias: cómo se hace la sal a mano
Desde la carretera parecen un tablero de ajedrez tumbado sobre la costa: cuadrículas de agua que van cambiando de color, del verde al rosa, según lo concentrada que esté la salmuera y qué microorganismos vivan en ella.
Son salinas, y en Canarias quedan pocas trabajando. Lo interesante es que las que quedan siguen haciendo lo mismo que hace más de un siglo, con rastrillos y carretillas, porque no se ha inventado nada mejor para este oficio.
Cómo se hace la sal, en cuatro pasos
El proceso no ha cambiado, y entenderlo hace que la visita valga el doble:
Entra el agua del mar, a veces por gravedad con la marea, a veces bombeada, hasta un depósito inicial.
Se reparte en estanques cada vez más pequeños y menos profundos. En cada salto el agua pierde volumen por evaporación y gana concentración.
Cuando la salmuera llega al punto justo, pasa a los tajos, las cuadrículas finales. Ahí el sol y el viento terminan el trabajo y la sal cristaliza.
Se recoge a mano, se amontona y se deja escurrir.
Los colores del tablero no son decorativos: cuentan en qué fase está cada estanque. Los verdes suelen ser los primeros, los rosados los más concentrados, donde las algas y las arqueas que aguantan esa salinidad tiñen el agua.
Por qué aquí funciona
Hacen falta tres cosas a la vez, y en pocas costas coinciden: mucho sol, viento constante y poca lluvia.
Las islas orientales las tienen las tres. Por eso las salinas grandes están en Lanzarote y Fuerteventura, y no en el norte húmedo de Tenerife o La Palma, donde el proceso se interrumpiría cada pocos días.
Las dos que puedes visitar
Las Salinas de Janubio, en Lanzarote, son las mayores del archipiélago y las únicas que siguen en activo en la isla. Su origen se remonta a 1895, y hoy concentran alrededor del 75 por ciento de la producción de sal de Canarias.
Están en un antiguo laguna cerrada por una barra de arena, en el suroeste de la isla, y se ven completas desde el mirador de la carretera. Ofrecen visita guiada de aproximadamente hora y media, que recorre el proceso desde los estanques de evaporación hasta la extracción.
Un detalle que mucha gente no sabe: es uno de los mejores sitios de Lanzarote para ver aves limícolas. Los estanques son zona de descanso en las rutas migratorias.
Las Salinas de Fuencaliente, en La Palma, son más pequeñas, producen en torno a la mitad que Janubio, y están en el extremo sur de la isla, entre dos volcanes y con el faro al lado. Su sal es un producto emblemático de la gastronomía palmera.
La combinación de blanco, negro volcánico y azul del mar hace que sea de los paisajes más fotografiados de la isla, y con razón.
Cómo visitarlas sin estropear la foto ni el trabajo
Tres cosas que conviene saber antes de ir:
La mejor luz es la del final del día. A mediodía el blanco reverbera tanto que la cámara no distingue los colores de los estanques.
Los muretes entre tajos son estructura de trabajo, no un camino. Se rompen con facilidad y una cuadrícula rota es sal perdida. Muévete por donde te indiquen.
Consulta antes si hay visita ese día. Son explotaciones activas, y el calendario depende del ciclo de producción, no del turismo.
Si estás en Lanzarote, la guía de la isla te ayuda a encajarlas en la ruta del suroeste. Si el plan es La Palma, la guía de La Palma hace lo mismo con el sur.
Y si te interesa este tipo de producción, el ecoturismo en Canarias reúne fincas, bodegas y visitas del mismo estilo: sitios que trabajan y además abren.
Fuentes
Salinas de Janubio, información de la propia explotación sobre origen (1895), proporción de la producción canaria y visitas guiadas.
Datos comparativos de producción entre Janubio y las Salinas de Fuencaliente. Las cifras concretas de toneladas dependen del año y de la empresa, por eso no se recogen aquí.
Foto de portada: Salinas de Janubio, Yaiza, Lanzarote. Fotografía: Jorge Franganillo, CC BY 2.0, Wikimedia Commons.

