
Qué ver en La Palma: los imprescindibles de la Isla Bonita
A La Palma la llaman "La Isla Bonita", y por una vez el apodo se queda corto. Es la isla más verde y más empinada de Canarias: en poco rato pasas de un bosque de laurisilva húmedo, de niebla y helechos gigantes, a un cráter volcánico que todavía huele a azufre, y de ahí subes hasta los 2.426 metros, al techo de la isla, donde están algunos de los telescopios más grandes del planeta. La pregunta no es tanto qué ver en La Palma, sino cuánto puedes abarcar sin correr.
Aquí no están todos los sitios (para eso tienes el mapa entero en islas24). Están los imprescindibles, ordenados por lo que te apetezca ese día: naturaleza, pueblos, volcanes o planes en familia. Y por encima de todo, el cielo, porque La Palma es de los mejores lugares del mundo para mirar las estrellas.
La Caldera de Taburiente y el Roque de los Muchachos
Si solo pudieras ver una cosa, sería el corazón de la isla. El Parque Nacional de la Caldera de Taburiente es un enorme circo de montañas, un anfiteatro de roca de varios kilómetros de diámetro, cubierto de pinar canario y atravesado por barrancos y arroyos. Dentro solo se anda a pie, por una red de senderos muy bien señalizada. Los accesos principales son el mirador de La Cumbrecita, a un cuarto de hora largo del Centro de Visitantes de El Paso, y Los Brecitos, más metido y con carretera exigente. Desde el Barranco de las Angustias se llega a la curiosa Cascada de Colores, teñida de ocres y naranjas por el hierro del agua. Eso sí, antes de meterte en el barranco consulta la previsión en las cumbres: si hay alerta de lluvia arriba, no entres bajo ningún concepto, porque el cauce puede sufrir crecidas de agua repentinas y muy peligrosas. Un truco de los de aquí: para Los Brecitos hay taxis autorizados que te suben, así te evitas la pista de tierra con el coche de alquiler.
Coronando todo el borde de la caldera está el Roque de los Muchachos, el punto más alto de La Palma con 2.426 metros sobre el nivel del mar. Se sube en coche por la carretera LP-4, y arriba, en los días claros, se recortan al fondo Tenerife, La Gomera y El Hierro asomando sobre el mar de nubes. Aquí está el Observatorio del Roque de los Muchachos, uno de los grandes centros astronómicos del hemisferio norte. Ojo con esto: el observatorio se puede visitar de día, pero solo con reserva previa a través de las visitas guiadas oficiales (el Instituto de Astrofísica de Canarias las gestiona), y de noche la zona se cierra al público porque es área de trabajo de los astrónomos. Si tu plan es ver estrellas, no las mires desde el observatorio: hay miradores habilitados para eso, y te los contamos todos en nuestra guía de dónde ver las estrellas en Canarias, que en La Palma tiene su capítulo propio.
Naturaleza en estado puro: Los Tilos y las piscinas naturales
En el noreste de la isla te espera un bosque que parece de otro tiempo. Los Tilos es un bosque de laurisilva, esa selva subtropical de hoja ancha que hace millones de años cubría buena parte del planeta y que hoy solo sobrevive en pequeños rincones de Canarias, Madeira y Azores. Aquí los árboles llegan a los veinte o treinta metros, la humedad lo cubre todo de musgo y los helechos alcanzan tamaños de otra escala. No es un dato de folleto: Los Tilos fue la primera Reserva de la Biosfera de Canarias, declarada por la Unesco ya en 1983, y en 2002 esa protección se amplió a la totalidad de la isla. Hay senderos para todos los niveles y un centro de visitantes donde entender lo que estás viendo.
Muy cerca, en la costa de San Andrés y Sauces, están las piscinas naturales del Charco Azul: un complejo de charcos de agua de mar acondicionados, con zona infantil de fondo llano, escaleras, duchas y socorristas en temporada. Es de los baños más seguros y familiares del norte. Aun así, la mar de La Palma no es de broma cuando entra marejada, así que respeta las banderas y no te metas si el oleaje rompe fuerte sobre los muros. A media hora en coche de Santa Cruz, sale un plan de mañana redondo.
Volcanes con historia: Tajogaite, San Antonio y Teneguía
La Palma es una isla joven y todavía viva, y eso se ve. En Cumbre Vieja está el Volcán de Tajogaite, el que entró en erupción el 19 de septiembre de 2021 y estuvo activo hasta diciembre de ese año, sepultando barrios enteros de la comarca de Los Llanos. Hoy se puede visitar, pero con condiciones: es zona protegida y geológicamente sensible, así que el acceso hasta el cono está regulado y solo se hace con guías y empresas autorizadas, con reserva previa y plazas limitadas por día. No es un sitio para ir por libre. Si te acercas con respeto y bien informado, es una de las experiencias más impresionantes que se pueden vivir hoy en Canarias: entiendes de golpe cómo se hace una isla.
En el extremo sur, en Fuencaliente, tienes dos volcanes más veteranos y de visita más sencilla: el de San Antonio y el Teneguía, que entró en erupción en 1971 y ganó tierra al mar con sus coladas. Se parte del Centro de Visitantes Volcán de San Antonio, con su cráter asomado al Atlántico, y desde allí un sendero baja hacia el Teneguía entre campos de lava negra y viñas. Es paisaje lunar, cielo enorme y, muy cerca, el Faro de Fuencaliente y las salinas. Lleva agua y gorra, porque aquí no hay una sola sombra.
Para ir en familia
La Palma es cómoda con niños si eliges bien el plan. Las piscinas naturales del Charco Azul son la apuesta segura: agua calmada, poca profundidad en la zona infantil y servicios completos. Para un día de bosque, los senderos cortos de Los Tilos se hacen con peques sin problema, y el asombro de los helechos gigantes funciona a cualquier edad. En la costa oeste, las playas de arena negra volcánica son otra experiencia: te las contamos una a una en las mejores playas de La Palma, con cuáles son más resguardadas y cuáles conviene evitar con marejada.
Y luego está el plan estrella, nunca mejor dicho: una noche de estrellas. La Palma entera es Reserva Starlight, con miradores pensados para observar el cielo, y ver la Vía Láctea a simple vista es de esas cosas que un niño no olvida. No hace falta telescopio ni experiencia; basta subir a un mirador oscuro, dejar que los ojos se acostumbren y mirar arriba.
Cómo organizar la visita
La Palma se entiende, a grandes rasgos, en dos mundos: el este, más habitado y protegido de los vientos, con Santa Cruz y el aeropuerto; y el oeste, el de Los Llanos, más abierto y soleado, con las mejores puestas de sol. En medio, la gran caldera y la cumbre lo parten todo en dos. No dejes de pasar por la Santa Cruz de La Palma, la capital histórica: fundada en 1493, tiene un casco antiguo precioso, con la Calle Real (O'Daly), los balcones canarios de madera de la Avenida Marítima y un legado colonial muy bien conservado. Es ciudad de pasear sin prisa y quedarse a comer; y si quieres el sabor más de aquí, pide algo con gofio, la harina de cereal tostado que acompaña casi todo en Canarias (un apunte para celíacos: el gofio suele ser de trigo, aunque también lo hay de millo, es decir de maíz).
Con tres o cuatro días completos ves lo esencial sin agobios, y una semana te deja margen para una jornada de caldera, otra de volcanes en el sur, un baño en el norte y, sobre todo, una noche de estrellas sin prisas. El coche es casi imprescindible: aquí las distancias en el mapa engañan más que en ninguna otra isla, porque es todo cumbre y curva. Cuenta con que del este al oeste se cruza por la cumbre, muchas veces entre niebla o bajo el chipi-chipi (esa llovizna fina y persistente de la vertiente noreste), y que el tiempo cambia rápido con la altura. Un truco de los de aquí: mira el cielo antes de decidir el plan del día, porque la niebla que tapa el norte puede estar dejando el sur despejado, y al revés.
En islas24 tienes cada uno de estos lugares con su ubicación, sus horarios y cómo llegar, para que montes tu ruta sin sorpresas. Elige por dónde empezar y deja que la Isla Bonita haga el resto.