El parque arqueológico de la Cueva Pintada de Gáldar: los cimientos de piedra excavados de las casas de los antiguos canarios bajo la enorme cubierta de rejilla de acero
i24Esther•26 de octubre de 2026

La Cueva Pintada y los antiguos canarios

Si oyes «pintura rupestre», lo más probable es que te vengan a la cabeza animales: una escena de caza, una manada a la carrera, la huella de una mano en la roca.

En Gáldar, en el norte de Gran Canaria, hay una sala pintada en cuyas paredes se suceden motivos geométricos: cuadrados, rectángulos, triángulos y círculos, en rojo, blanco y negro, uno junto a otro en un orden regular. A primera vista parece decoración. Puede que no lo sea.

Es la Cueva Pintada, hoy el corazón del Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada, en el centro de Gáldar, a 27 kilómetros de Las Palmas de Gran Canaria. Si quieres ir, conviene saber algunas cosas de antemano. El museo pide que compres la entrada online, porque ha suprimido el pago en efectivo en sus instalaciones, y para proteger las pinturas solo puede entrar a la vez un número limitado de visitantes. El horario cambia según la temporada, así que consúltalo, junto con los precios y los días gratuitos, en la página oficial del museo. Puedes recorrerlo por tu cuenta, no solo con guía. Y en la cámara pintada en sí no puedes hacer fotos; en el resto del museo sí, sin flash.

Una sala que no sabemos leer

Prueba a mirar la pared de otra manera. No como una imagen, sino como un texto.

Según el museo, el ritmo y la simetría del panel, y el hecho de que pertenezca a un espacio ritual, indican que lo que ves son auténticos ideogramas: signos que significan algo. Los motivos no están puestos al azar. La composición es simétrica respecto al eje central de la sala, es decir, se diseñó de antemano.

Así que tenemos delante una sala de la que sabemos cuánto mide, de qué está hecha, cómo se pintó y, más o menos, cuándo. Lo único que no sabemos es qué dice.

La cámara pintada de cerca

La cámara tiene planta rectangular, y la decoración ocupa la mitad superior de tres de sus paredes. José Barrios García, investigador de la Universidad de La Laguna, trabajó en su tesis doctoral con una reconstrucción según la cual la pared izquierda mide 4,5 metros, la del fondo 5,0 y la derecha 4,3, y la altura de la sala al fondo es de 3,2 metros.

También se conoce cómo se pintó. Primero se tapaban con mortero las fisuras entre los estratos de toba y después se alisaba la superficie con una capa de arcilla. Para el rojo usaban almagre, es decir, arcilla oxidada y rojiza; para el blanco, finas arcillas blanquecinas. La pintura se aplicaba con los dedos o con pincel, probablemente de pelo de cabra o de juncos.

Con el negro hay una sorpresa. No es pintura. Según el museo, los campos negros son el oscurecimiento natural de la toba, es decir, de la propia roca. Una parte del dibujo no es, por tanto, superficie pintada, sino la roca misma.

Para el museo, es el ejemplo más complejo de pintura mural indígena de Gran Canaria.

Quién la pintó: los antiguos canarios y Agáldar

La sala es obra de los antiguos canarios. Aquí la palabra es precisa: según El Museo Canario, los primeros habitantes de Gran Canaria se llaman canarios (también indígenas, aborígenes o antiguos canarios), y el nombre de guanches corresponde a los de Tenerife. En qué se diferenciaban y de dónde llegaron lo contamos en nuestro artículo sobre los guanches.

Según el Cabildo de Gran Canaria, la Gáldar actual está directamente relacionada con Agáldar, la Gáldar prehispánica, que dos soberanos aborígenes, Andamana y Gumidafe, convirtieron en capital de la isla al instalar allí su corte. Después se sucedieron los guanartemes, los soberanos de Agáldar, hasta Tenesor Semidán. Él vivió la conquista, más tarde pasó a llamarse Fernando Guanarteme y logró la firma de la Carta de Calatayud, que reconocía la libertad de los canarios.

Según la guía del museo, la Agáldar de los siglos XIV y XV ocupaba el actual centro histórico. Barrios García sitúa la residencia del guanarteme a unos cientos de metros de la cueva, donde hoy está la iglesia de Santiago de los Caballeros. Según la guía de 2007, quien narra la exposición del museo de principio a fin es una mujer: Arminda, hija de Guanarteme el Bueno, que tras la conquista fue bautizada, se casó con Hernando de Guzmán y pasó a llamarse Catalina de Guzmán. De la legendaria princesa de Tenerife hablamos aquí: Dácil, la princesa guanche.

El poblado que apareció alrededor de la cámara

Durante mucho tiempo, la cámara pintada pareció una cueva solitaria. Las excavaciones empezaron en 1987 y, según el museo, desde entonces ha habido quince campañas, sobre más de 6.000 metros cuadrados.

Hoy la cámara está rodeada por los restos de todo un poblado, con unas sesenta estructuras arqueológicas en el parque. Las casas suben escalonadas desde el fondo del barranco hasta el centro de la ciudad, y este poblado era uno de los barrios de Agáldar. Según la descripción del museo, tienen planta cuadrangular, un muro exterior circular y, dentro, una o dos alcobas laterales que se abren hacia el sur por un pequeño pasillo. El techo se apoyaba en vigas de madera cubiertas con lajas de piedra, tierra y barro. Alrededor de los hogares se han conservado semillas, huesos de animales, restos de peces, lapas y burgados, es decir, los moluscos que viven en las rocas de la costa.

También han aparecido objetos traídos de la península ibérica (cerámica a torno, monedas, espadas, herraduras) y huellas de la industria azucarera del siglo XVI. Entre los hallazgos hay pintaderas: piezas de barro cocido con un apéndice cuyo extremo plano, de forma geométrica, está decorado con círculos, triángulos, líneas quebradas y ángulos superpuestos. Las mismas formas geométricas que en la pared de la cámara.

Qué antigüedad tiene

La Cueva Pintada es el yacimiento arqueológico más datado de Gran Canaria: el estudio de 2014 de sus excavadores reunió 45 fechas de radiocarbono. Los mismos autores advierten de que una sola fecha de este tipo, aislada, vale poco («one date is no date»).

La web del museo distingue dos periodos de ocupación: el primero, del siglo VI al XI, y el segundo, del siglo XIII al XVI, hasta después de la conquista. El estudio de 2014 de los excavadores es más prudente con el inicio: según ellos, el poblado más antiguo empezó a construirse hacia el siglo VII. Las dos fuentes discrepan, pues, en un siglo, y no vamos a decidir nosotros por ellas.

En 2013, el Cabildo dio a conocer los resultados de las muestras tomadas en el interior de la cámara. Las dos más antiguas, de madera de pino, dieron el intervalo de 601 a 994; la más fiable, el carbón de una especie de la familia del laurel, el de 1049 a 1257. Según el museo, el conjunto de cuevas adquirió su aspecto actual después del siglo XII, y el panel pintado pudo realizarse entonces. Una diferencia importante: estas fechas miden el acondicionamiento y el uso de la cámara, no la pintura. Según los excavadores, así es posible acercarse por primera vez con fiabilidad a la edad de las pinturas, aunque solo de forma indirecta.

Lo que no sabemos

Lo primero y más importante: no sabemos qué significan los signos. El dossier de prensa de la inauguración del museo, en 2006, dice expresamente que el significado de esta combinación de triángulos, círculos, cuadrados y ángulos superpuestos nos es «por el momento, desconocida».

Hay una lectura que aparece a menudo: que la pared es un calendario. La web del museo la recoge como opinión de «algunos investigadores», como un calendario lunar y solar basado en series del número 12 y en la alternancia de los campos rojos, blancos y sin pintar. Su autor es Barrios García, que lee un tablero de 3 x 4 como los doce meses del año lunar. Él mismo escribe que solo ofrece una lectura posible y que, al no haber en la isla materiales parecidos, es pronto para sacar conclusiones definitivas. Una de sus hipótesis parciales la presenta expresamente con cautela, porque se apoya en un dibujo de 1974 (el trabajo de Beltrán y Alzola), y J. Onrubia, uno de los autores de la guía del museo, dudaba de su exactitud. Es, por tanto, la propuesta cuidadosa de un investigador, no el desciframiento de la pared.

Del panel derecho no podemos decir ni eso. Está en tan mal estado, y quedan tan pocas descripciones antiguas fiables de él, que Barrios García tuvo que dejarlo fuera de su estudio.

Según el museo, la cueva fue a la vez vivienda y lugar de enterramiento, muy probablemente ligada a un linaje aristocrático indígena. Qué ritos se celebraban aquí (ofrendas de alimentos a los difuntos, banquetes fúnebres) lo cuenta un único cronista, Marín de Cubas, y el propio museo lo subraya. Tampoco se ha podido determinar con exactitud para qué servían las pintaderas: según la guía, probablemente eran marcas de grupo o de linaje. Y como en los suelos de las casas casi nada ha aparecido en su posición original, es difícil decir para qué servía cada estancia.

Ni siquiera sabemos con seguridad cuándo apareció la cueva. Según el dossier de prensa del Cabildo de 2006, probablemente en 1862, durante trabajos de tierra en las plantaciones de tuneras (para la cría de la cochinilla), pero el descubrimiento oficial se fecha en 1873, cuando José Ramos Orihuela entró por una estrecha abertura del techo y vio las pinturas. Incluso dos páginas del propio Cabildo se contradicen: la que recoge las dataciones dice que es un error tomar 1873 como el año del hallazgo real, y la de patrimonio histórico sigue diciendo 1873. Lo más seguro es decirlo así: apareció hacia 1862 y fue redescubierta en 1873.

Un enfermo crónico tras un cristal

Lo que queda de las pinturas no se ha conservado solo. La cueva tuvo un primer acceso en 1884, y la viajera Olivia Stone ya insistía entonces en que el Ayuntamiento la comprara, la limpiara y la abriera al público. En 1887, el antropólogo francés René Verneau describió minuciosamente los paneles policromos. Mientras tanto, la cueva lo sufrió todo: techos destruidos, cavidades rellenadas para huertas, y durante un tiempo fue incluso corral de cerdos y depósito de estiércol.

El giro llegó a finales de 1969 con la campaña de los estudiantes de Gáldar de la Universidad de La Laguna. En 1970, durante las obras contra la humedad, apareció bajo los escombros todo un grupo de cuevas alrededor de la cámara, pero por la escasa información y la falta de previsión se destruyó una parte importante del conjunto. Solo se salvaron unos pocos objetos, gracias a algunos vecinos. El 29 de abril de 1972 el yacimiento se abrió al público, y el 5 de mayo fue declarado Monumento Nacional Histórico-Artístico, hoy Bien de Interés Cultural. Diez años después, en 1982, se cerró: el riego de las fincas del entorno, un cierre inadecuado y las visitas sin planificar dispararon la humedad en la cámara e hicieron subir la temperatura.

Tras veinte años de trabajo, el 26 de julio de 2006 abrió el museo actual. Sobre el yacimiento se instaló una cubierta de 5.700 metros cuadrados y 68 toneladas que, desde fuera, recuerda los invernaderos de plataneras de la vega de Gáldar. Delante de la cámara se construyó una «burbuja» acristalada con dos climas independientes: el de la cueva y el de los visitantes. Según la directora del museo, la idea era meter al visitante en la vitrina, y que fuera el pasado quien lo mirara, y no al revés. Ella misma describió la cueva como un enfermo crónico que necesita atención constante, pero que con cuidados puede aguantar todavía mucho tiempo. El museo sigue midiendo su microclima de forma continua, porque el polvo del centro urbano, el tráfico y las vibraciones siguen afectándola.

La conquista, la Guerra de Canaria, tuvo lugar entre 1478 y 1483. Según la guía del museo, en los poblados de la isla vivían cerca de 20.000 personas, y tras la colonización castellana, la deportación y la esclavitud quedaron poco más de 3.000. No sabemos cuándo ni cómo se perdió el significado de los signos de la pared. Lo que sí sabemos es que solo una pequeña parte del pueblo al que pertenecían sus pintores sobrevivió a la conquista, y que la pared que dejaron espera hoy, al otro lado de un cristal, a que alguien vuelva a leerla.

Si tuvieras que dejar un mensaje en una pared para dentro de mil años, con signos que nadie después de ti sabrá leer, ¿qué pintarías?

Cómo visitarla

  • Dónde está: en el centro histórico de Gáldar, a 27 kilómetros de Las Palmas de Gran Canaria, a 50 kilómetros del aeropuerto y a menos de 9 kilómetros del Puerto de las Nieves, en Agaete. Su ficha en nuestra guía: Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada.

  • Entradas y horario: online, desde la página oficial del museo, sin efectivo.

  • Cómo: la visita puede ser autónoma, guiada o asistida, cuando el personal te ayuda en varios puntos del recorrido. Los domingos solo hay visita autónoma o asistida. El museo recomienda dedicarle al menos setenta minutos.

  • Accesibilidad: el recorrido va por pasarelas, con ascensores y puertas anchas. Para personas con discapacidad visual hay audiodescripción y visita táctil, con reproducciones de los objetos.

  • En guagua: las líneas las encuentras en la página «Cómo llegar» del museo.

En el centro de Gáldar puedes ir a pie a la Casa-Museo Antonio Padrón y al mercado de La Recova, y en el municipio está el Mirador de los Pinos de Gáldar. Tras las huellas de los antiguos canarios: en la vecina Santa María de Guía, los graneros en cueva del Cenobio de Valerón; en Agaete, la necrópolis de El Maipés; en Las Palmas, El Museo Canario; en Telde, Cuatro Puertas; entre Agüimes e Ingenio, el barranco de Guayadeque; y las casas cueva de Artenara. El resto de lo que merece la pena ver en la isla lo hemos reunido aquí: Qué ver en Gran Canaria.


Fuentes: Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada (Cabildo de Gran Canaria): web oficial (historia, conservación, visita, cómo llegar), dossier de prensa de la inauguración de 2006 y guía de la visita de 2007; estudio de C. G. Rodríguez Santana, J. I. Sáenz Sagasti y J. Onrubia Pintado (Boletín electrónico de Patrimonio Histórico, Cabildo de Gran Canaria, 2014); Cabildo de Gran Canaria, base de datos de dataciones «Gran Canaria: un viaje en el tiempo» y página de Patrimonio Histórico; tesis doctoral de José Barrios García (Universidad de La Laguna); El Museo Canario; Biblioteca de la ULPGC (2013); La Aventura de la Historia.

Foto de portada (recortada): el poblado excavado en el parque arqueológico de la Cueva Pintada, Gáldar. Thebrainchamber1, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

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