Las nueve estatuas de bronce de los menceyes frente a la basílica de Candelaria, fotografiadas en enero de 2025, antes de su desmontaje por las obras de la plaza.
i24Esther4 de agosto de 2026

Los guanches: quiénes fueron los aborígenes de Canarias

Una isla siempre tiene más capas de las que se ven desde la playa.

Si te hablan de Canarias, lo primero que aparece es la arena. El volcán. El precio del billete en enero. Todo cierto, y todo la capa de arriba. Vamos a cavar un poco.

Hay una plaza en Candelaria donde nueve hombres de bronce daban la espalda al océano y miraban hacia la isla. No son santos ni conquistadores. Son los últimos reyes de una isla que ya no existe como ellos la conocieron. No porque se hundiera, sino porque dejó de ser lo que era.

Una cosa conviene decirla ya, antes de que nadie compre un billete: ahora mismo las estatuas no están ahí. Más abajo te cuento qué pasó con ellas, y qué sigue estando aunque ellas no estén.

Sobre los guanches circula mucha leyenda. Atlántida, pueblos perdidos, saber oculto. Casi todo es invención. Pero hay algo que contradice a todas las leyendas a la vez, y por eso merece que te pares: ellos sí estuvieron aquí. Y sabemos de dónde vinieron.

Solo que no lo sabemos por donde tú esperarías.

Cómo sabemos quiénes fueron

Durante siglos, la respuesta habló más de lo que queríamos creer que de lo que había pasado. La Atlántida. Griegos náufragos. Un pueblo salido de ninguna parte.

Es comprensible. Un pueblo isleño sin barcos es un enigma que la imaginación resuelve más rápido que la paciencia.

Y entonces llegó la respuesta, y no vino de una crónica ni de una leyenda. Vino del ADN de sus propios muertos.

Merece la pena pararse aquí, porque es más bonito de lo que suena a la primera. Los guanches momificaban a sus muertos y los enterraban en cuevas de difícil acceso, con ajuar. Lo hacían para que descansaran. Dos mil años después, fueron precisamente esas momias las que permitieron leer su genoma. A quienes escondieron para que nadie los molestara acabaron contándonos de dónde venían.

Y lo que contaron es claro: origen norteafricano, emparentado con las poblaciones amazigh (bereberes) del continente. No es una hipótesis ni una teoría. Es un resultado publicado en revistas científicas, sostenido sobre material biológico y no sobre crónicas escritas por los vencedores.

La arqueología sitúa la presencia humana en las islas al menos desde el siglo V a. C. Y hay un detalle que reordena la imagen entera: no llegaron de una sola vez. Las diferencias entre las muestras de unas islas y otras apuntan a varias oleadas de poblamiento, no a un único viaje fundacional.

Lo que sigue abierto conviene decirlo, porque casi nadie lo dice: no sabemos cómo cruzaron. No se han conservado embarcaciones, y en el momento de la conquista los isleños ya no navegaban entre islas. Alguien hizo ese viaje, y luego el conocimiento se perdió. Es una de las preguntas sin respuesta más interesantes del Atlántico, y podemos dejarla así. No hay que rellenar todos los huecos.

¿Sabías que...? En La Gomera todavía se enseña en la escuela el silbo gomero, el lenguaje silbado que permite mandar un mensaje de un barranco a otro. Está en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. Una lengua cuyos hablantes se acabaron, y que sin embargo aprende hoy cualquier niño gomero.

No fueron un pueblo, sino muchos

Aquí está el error más repetido: hablar de «los guanches» como si fueran un bloque.

Dicho con precisión, guanche era el nombre de los aborígenes de Tenerife. En el resto de las islas había otros pueblos, con otras lenguas, otra organización y otros nombres. Hoy los despachamos con una sola palabra porque resulta cómodo, pero eso no los convirtió en un solo pueblo.

En Tenerife, al llegar los castellanos, la isla estaba dividida en nueve menceyatos: nueve reinos independientes, cada uno con su propio mencey (rey). Taoro, el del valle de La Orotava, era el más poderoso, y su mencey ejercía como primero entre iguales. Los demás eran Anaga, Tegueste, Tacoronte, Icod, Daute, Adeje, Abona y Güímar.

En Gran Canaria, en cambio, el poder se organizaba de otra forma, con guanartemes y un consejo de nobles. Dos islas que se ven a simple vista en un día claro, y dos mundos políticos distintos. Piénsalo un momento: a una distancia que se abarca con la mirada, dos respuestas diferentes a la misma pregunta sobre cómo convivir.

Ahora viene la parte que casi todas las guías se saltan en silencio, y nosotros no.

Que Tenerife estuviera dividida en nueve menceyatos es historia documentada. La nómina de los nueve reyes ya no es tan sencilla. Algunos nombres aparecen en fuentes tempranas. Otros —el caso más discutido es el de Pelinor, de Adeje— muchos historiadores modernos los consideran invención literaria. Antonio de Viana escribió la conquista en verso en el siglo XVII, y lo que salió de su pluma sigue circulando como si fuera crónica.

Del mismo poema sale la figura más querida de todas: la princesa Dácil, hija de Bencomo, enamorada de un capitán castellano. También la consideran un personaje de ficción.

Y ahora hazte la pregunta que me hice yo la primera vez que lo miré: ¿importa?

Porque su nombre lo llevan hoy calles, hoteles y niñas nacidas en la isla. Cuatro siglos pronunciándolo. Que algo sea inventado no significa que no sea real, solo que no lo es en el sentido que uno esperaba. La isla dividida en nueve es historia. Parte de la nómina de reyes es poesía. Y ambas conviven en el mismo suelo sin estorbarse.

Qué queda de ellos hoy

Más de lo que parece, y casi nada en vitrinas.

  • Los nombres. Tacoronte, Güímar, Icod, Taganana, Tejeda, Timanfaya: los topónimos aborígenes siguen en el mapa y en tu billete de guagua. Cuando pides una dirección en Tenerife, estás pronunciando palabras anteriores a Castilla.

  • El silbo gomero. En La Gomera se conserva un lenguaje silbado capaz de transmitir mensajes de un barranco a otro. Se enseña en las escuelas de la isla y es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

  • La lucha canaria. El deporte tradicional de las islas, con reglas propias y raíz prehispánica, sigue vivo en terreros de toda Canarias, incluidas las fiestas de agosto.

  • El gofio. El cereal tostado que hoy encuentras en cualquier casa canaria —y en las cartas de los restaurantes— era ya base de su alimentación.

Nada de esto está en un museo. Está en la calle, en la escuela y en la cocina. Un pueblo extinguido no deja detrás una gramática viva, una comida y un deporte. Esta lista es justamente la prueba de que no desaparecieron.

Atención si eres celíaco. El gofio aborigen era de cebada, pero el que se sirve hoy en la mayoría de los sitios lleva trigo o mezcla, es decir, gluten. Ojo especialmente con el escaldón, la pasta espesa de caldo y gofio. Si tienes que evitar el gluten, busca gofio 100 % de millo (maíz) y pregunta por la contaminación cruzada. Aquí no es una pregunta rara: te van a responder con naturalidad.

Dónde encontrarlos de verdad

Si quieres pasar de leer a ver, hay tres sitios que valen el viaje.

Cueva Pintada, Gáldar (Gran Canaria)

Un museo construido literalmente encima de un poblado aborigen enterrado, con una cúpula de cristal que protege las pinturas murales. Se visita con guía y hay que reservar hora con antelación: no es un sitio al que se entra sobre la marcha. Abre de martes a sábado de 10:00 a 18:00 (última visita a las 16:30) y domingos y festivos de 11:00 a 18:00. Teléfono: 928 895 746.

Museo de la Naturaleza y Arqueología, Santa Cruz de Tenerife

Aquí están las momias. Es la colección que permite entender de golpe lo que ninguna reconstrucción transmite: que hablamos de personas, con cuidados funerarios, con ajuar y con familia. Si vas con niños, prepáralos un poco antes.

La plaza de Candelaria — atención: ahora mismo no están

Las nueve estatuas de bronce de los menceyes, obra del escultor José Abad, se inauguraron el 15 de agosto de 1993 frente a la basílica, de espaldas al Atlántico, y son probablemente la imagen más reconocible del pasado aborigen en toda Canarias.

Pero si vas hoy, no las vas a encontrar. En julio de 2025 las nueve figuras fueron retiradas de sus basas para permitir la remodelación integral de la plaza de la Patrona de Canarias. Están en conservación temporal y volverán a su sitio cuando terminen las obras, previstas para varios años y ya con retraso acumulado.

Lo decimos porque nadie más lo dice: no queremos que hagas el viaje con la idea de fotografiarlas y te encuentres las basas vacías. Las fotos de este artículo son de enero de 2025, antes de que las desmontaran.

La buena noticia es que la plaza vacía no cancela nada de lo que viene a continuación: las fiestas de agosto se celebran igual, y el acto central ni siquiera ocurre en la plaza.

Y ahora, en agosto: el guanche vuelve a la plaza

Hay una fecha en la que todo esto deja de ser historia y se convierte en algo que puedes presenciar.

El 14 de agosto es la noche grande. A las 19:15 sale de la basílica la procesión de la Virgen, acompañada por la Banda de Música Las Candelas, hasta el recinto junto al Ayuntamiento. Y a las 20:00, el Colectivo Guanches de Candelaria representa el rito del hallazgo de la Virgen en la playa —no en la plaza en obras—, con vestuario, fuego y cientos de participantes. Después, procesión hasta el pozo y fuegos artificiales desde el muelle.

No es un espectáculo montado para turistas: forma parte del calendario festivo del municipio y la sigue sobre todo gente de la isla.

Y hay un detalle que cambia por completo cómo se ve esa ceremonia. Los guanches encontraron la imagen en la playa antes de la conquista, y no la veneraron como icono cristiano —no podían, aún no conocían el cristianismo—, sino como una divinidad propia: Chaxiraxi, «la que sostiene el firmamento».

Lo que se representa cada 14 de agosto no es, por tanto, la llegada de una fe nueva: es el momento en que un pueblo se encontró algo en la orilla y le dio su propio nombre. La devoción posterior se construyó encima de ese encuentro, no en lugar de él.

Alrededor hay más días:

Un aviso práctico, porque nadie lo dice hasta que ya estás allí. Esos días Candelaria se llena: muchos peregrinos llegan andando desde otros municipios, se cortan accesos y aparcar en el centro es prácticamente imposible. Llega temprano o ven en guagua (conviene mirar los horarios el día antes, en agosto suele haber refuerzos). Y sobre todo: la plaza es piedra abierta, sin una sola sombra, en pleno agosto y con probabilidad alta de calima. Sombrero, agua y protección solar, sobre todo si vas a coger sitio con antelación para la ceremonia.

Los guanches no desaparecieron de un día para otro ni se los tragó el mar. Fueron conquistados, y luego se mezclaron con quienes llegaron, y esa mezcla es la que hoy dice guagua, come gofio y silba en La Gomera. Las nueve estatuas de Candelaria no conmemoran a un pueblo extinguido: señalan a los abuelos de la gente que vive al otro lado de la plaza.

Si vas a estar en Tenerife a mediados de agosto, acércate un rato. Y quédate hasta que baje el sol: los menceyes de bronce miran justo hacia allí.

Porque al final la pregunta no es qué fue de ellos. Eso se ve: están aquí, en la lengua, en la comida, en las caras. La pregunta es más bien qué perdimos nosotros al despachar con una sola palabra nueve mundos distintos. ¿Cuál de esos nombres dirías tú primero, si quisieras aprender el verdadero?

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