
Los guanches: quiénes fueron los aborígenes de Canarias
Hay una plaza en Candelaria donde nueve hombres de bronce miran al mar. No son santos ni conquistadores: son los últimos reyes de una isla que ya no existe como ellos la conocieron. Y a diferencia de casi todo lo que se cuenta sobre los guanches, ellos sí estuvieron aquí de verdad.
Sobre los aborígenes de Canarias circula mucha leyenda y bastante invento. Lo que sigue es lo que sabemos con seguridad, lo que sigue en discusión, y —sobre todo— dónde puedes verlo con tus propios ojos. Y dónde, ahora mismo, no puedes: las estatuas de la plaza están desmontadas por obras, y te lo explico más abajo antes de que hagas el viaje.
Quiénes fueron, y cómo lo sabemos
Durante siglos, el origen de los guanches se discutió entre teorías románticas: la Atlántida, náufragos griegos, pueblos perdidos. La respuesta llegó de un sitio menos poético y mucho más fiable: el ADN de sus propios muertos.
El análisis genético de restos momificados confirmó que los aborígenes canarios tienen origen norteafricano, emparentado con las poblaciones amazigh (bereberes) del continente. No es una hipótesis: está publicado en revistas científicas y se sostiene sobre material biológico, no sobre crónicas escritas por los vencedores.
La arqueología sitúa la presencia humana en las islas al menos desde el siglo V a. C., dentro del primer milenio antes de nuestra era. Y hay un detalle que cambia toda la imagen: no llegaron de una sola vez. Las diferencias entre las muestras de unas islas y otras apuntan a varias oleadas de poblamiento, no a un único viaje fundacional.
Lo que sigue abierto —y conviene decirlo, porque casi nadie lo dice— es cómo cruzaron. No se han conservado embarcaciones, y en el momento de la conquista los isleños no practicaban la navegación entre islas. Es una de las preguntas sin respuesta más interesantes del Atlántico.
¿Sabías que...? Los guanches momificaban a sus muertos con técnicas propias y los enterraban en cuevas de difícil acceso, con ajuar. Algunas de esas momias son las que, siglos después, permitieron leer su genoma. Los enterraron para que descansaran; acabaron contándonos de dónde venían.
No fueron un pueblo, sino muchos
Aquí está el error más repetido: hablar de "los guanches" como si fueran un bloque homogéneo. En rigor, guanche era el nombre de los aborígenes de Tenerife; en el resto de las islas había otros pueblos, con otras lenguas, otra organización y otros nombres.
En Tenerife, al llegar los castellanos, la isla estaba dividida en nueve menceyatos: nueve reinos independientes, cada uno con su propio mencey (rey). Taoro, el del valle de La Orotava, era el más poderoso, y su mencey ejercía como primero entre iguales. Los demás eran Anaga, Tegueste, Tacoronte, Icod, Daute, Adeje, Abona y Güímar.
En Gran Canaria, en cambio, el poder se organizaba de otra forma, con guanartemes y un consejo de nobles. Dos islas que se ven a simple vista en un día claro, y dos mundos políticos distintos.
Un matiz honesto sobre los nombres. Los nueve menceyatos están documentados. Los nombres personales de los nueve reyes, en cambio, hay que tomarlos con más cuidado: algunos aparecen en fuentes tempranas, pero otros —el caso más discutido es el de Pelinor, de Adeje— muchos historiadores modernos los consideran invención literaria de Antonio de Viana, que en el siglo XVII escribió la conquista en verso. La isla dividida en nueve es historia; parte de la nómina de reyes es, probablemente, poesía.
Del mismo poema sale la figura más querida de todas: la princesa Dácil, hija de Bencomo, enamorada de un capitán castellano. Los historiadores modernos también la consideran un personaje de ficción, y sin embargo su nombre sigue puesto hoy a calles, hoteles y niñas de la isla. Que algo sea inventado no significa que no sea real: lleva cuatro siglos siéndolo.
Qué queda de ellos hoy
Más de lo que parece, y casi nada en vitrinas.
Los nombres. Tacoronte, Güímar, Icod, Taganana, Tejeda, Timanfaya: los topónimos aborígenes siguen en el mapa y en tu billete de guagua. Cuando pides una dirección en Tenerife, estás pronunciando palabras anteriores a Castilla.
El silbo gomero. En La Gomera se conserva un lenguaje silbado capaz de transmitir mensajes de un barranco a otro. Se enseña en las escuelas de la isla y es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
La lucha canaria. El deporte tradicional de las islas, con reglas propias y raíz prehispánica, sigue vivo en terreros de toda Canarias, incluidas las fiestas de agosto.
El gofio. El cereal tostado que hoy encuentras en cualquier casa canaria —y en las cartas de los restaurantes— era ya base de su alimentación.
Nada de esto está en un museo: está en la calle, en la escuela y en la cocina.
Aviso para celíacos. El gofio aborigen se hacía con cebada, pero el que se sirve hoy en la mayoría de restaurantes es de trigo o de mezcla, y por tanto lleva gluten. Ojo especialmente con el escaldón, que se prepara con caldo y gofio. Si necesitas evitarlo, busca gofio 100 % de millo (maíz) y pregunta por la contaminación cruzada: no es una pregunta rara aquí, te la responderán sin problema.
Dónde encontrarlos de verdad
Si quieres pasar de leer a ver, hay tres sitios que valen el viaje.
Cueva Pintada, Gáldar (Gran Canaria)
Un museo construido literalmente encima de un poblado aborigen enterrado, con una cúpula de cristal que protege las pinturas murales. Se visita con guía y hay que reservar hora con antelación: no es un sitio al que se entra sobre la marcha. Abre de martes a sábado de 10:00 a 18:00 (última visita a las 16:30) y domingos y festivos de 11:00 a 18:00. Teléfono: 928 895 746.
Museo de la Naturaleza y Arqueología, Santa Cruz de Tenerife
Aquí están las momias. Es la colección que permite entender de golpe lo que ninguna reconstrucción transmite: que hablamos de personas, con cuidados funerarios, con ajuar y con familia. Si vas con niños, prepáralos un poco antes.
La plaza de Candelaria — atención: ahora mismo no están
Las nueve estatuas de bronce de los menceyes, obra del escultor José Abad, se inauguraron el 15 de agosto de 1993 frente a la basílica, mirando al Atlántico, y son probablemente la imagen más reconocible del pasado aborigen en toda Canarias.
Pero si vas hoy, no las vas a encontrar. En julio de 2025 las nueve figuras fueron retiradas de sus basas para permitir la remodelación integral de la plaza de la Patrona de Canarias. Están en conservación temporal y volverán a su sitio cuando terminen las obras, previstas para varios años y ya con retraso acumulado.
Lo decimos porque nadie más lo dice: no queremos que hagas el viaje con la idea de fotografiarlas y te encuentres las basas vacías. Las fotos de este artículo son de enero de 2025, antes de que las desmontaran.
La buena noticia es que la plaza vacía no cancela nada de lo que viene a continuación: las fiestas de agosto se celebran igual, y el acto central ni siquiera ocurre en la plaza.
Y ahora, en agosto: el guanche vuelve a la plaza
Hay una fecha en la que todo esto deja de ser historia y se convierte en algo que puedes presenciar.
El 14 de agosto es la noche grande. A las 19:15 sale de la basílica la procesión de la Virgen, acompañada por la Banda de Música Las Candelas, hasta el recinto junto al Ayuntamiento. Y a las 20:00, el Colectivo Guanches de Candelaria representa el rito del hallazgo de la Virgen en la playa —no en la plaza en obras—, con vestuario, fuego y cientos de participantes. Después, procesión hasta el pozo y fuegos artificiales desde el muelle.
No es un espectáculo montado para turistas: forma parte del calendario festivo del municipio y la sigue sobre todo gente de la isla.
Y hay un detalle que cambia por completo cómo se ve esa ceremonia. Los guanches encontraron la imagen en la playa antes de la conquista, y no la veneraron como icono cristiano —no podían, aún no conocían el cristianismo—, sino como una divinidad propia: Chaxiraxi, «la que sostiene el firmamento». Lo que se representa cada 14 de agosto no es, por tanto, la llegada de una fe nueva: es el momento en que un pueblo se encontró algo en la orilla y le dio su propio nombre. La devoción posterior se construyó encima de ese encuentro, no en lugar de él.
Alrededor hay más días:
5 de agosto — pregón de las fiestas de la Patrona de Canarias
12 de agosto — Festival Internacional de Folklore Villa de Candelaria
13 de agosto — luchadas de lucha canaria en honor a la Virgen
14 y 15 de agosto — fiesta de la Virgen de Candelaria, patrona de Canarias
15 de agosto — Día de la Patrona: eucaristía, procesión y lluvia de voladores
Un aviso práctico, porque nadie lo dice hasta que ya estás allí. Esos días Candelaria se llena: muchos peregrinos llegan andando desde otros municipios, se cortan accesos y aparcar en el centro es prácticamente imposible. Llega temprano o ven en guagua (conviene mirar los horarios el día antes, en agosto suele haber refuerzos). Y sobre todo: la plaza es piedra abierta, sin una sola sombra, en pleno agosto y con probabilidad alta de calima. Sombrero, agua y protección solar, sobre todo si vas a coger sitio con antelación para la ceremonia.
Los guanches no desaparecieron de un día para otro ni se los tragó el mar. Fueron conquistados, y luego se mezclaron con quienes llegaron, y esa mezcla es la que hoy dice guagua, come gofio y silba en La Gomera. Las nueve estatuas de Candelaria no conmemoran a un pueblo extinguido: señalan a los abuelos de la gente que vive al otro lado de la plaza.
Si vas a estar en Tenerife a mediados de agosto, acércate un rato. Y quédate hasta que baje el sol: los menceyes de bronce miran justo hacia allí.




