Qué ver en Fuerteventura: los lugares imprescindibles
i24Esther18 de julio de 2026

Qué ver en Fuerteventura: los lugares imprescindibles

Fuerteventura es la más antigua de las islas Canarias y se nota: aquí el paisaje está gastado por millones de años de viento, y ese mismo viento es el que la ha hecho famosa. Es una isla de horizontes largos, playas que no se acaban, molinos que todavía giran y cabras por todas partes, esas que dan el queso majorero. No vienes a Fuerteventura a ver muchas cosas seguidas, vienes a respirar hondo, a bajar el ritmo y a dejar que el viento te despeine. Toda la isla es Reserva de la Biosfera, y cuando la recorres entiendes por qué.

La pregunta no es tanto qué ver en Fuerteventura, sino cuánto quieres alejarte de lo conocido. Aquí no están todos los sitios (para eso tienes el mapa entero en islas24). Están los imprescindibles, ordenados por lo que te apetezca ese día: naturaleza, pueblos o planes en familia.

Las Dunas de Corralejo y la Isla de Lobos

Si empiezas por el norte, empiezas por lo más espectacular. El Parque Natural de las Dunas de Corralejo son más de 2.600 hectáreas de dunas de arena blanca y fina que avanzan hacia un Atlántico turquesa. Y aquí va un dato que sorprende a casi todos: esta arena no viene del Sáhara, como suele creerse, sino que es jable, un polvo de origen orgánico formado por millones de conchas y esqueletos marinos triturados por el mar durante milenios. Es un espacio protegido, declarado parque natural en 1982 junto con la vecina Isla de Lobos, así que se cruza por los caminos y se disfruta sin dejar rastro. Un truco de los de aquí: aparca en las playas del lado sur del parque, las Grandes Playas, y camina un poco hacia dentro; en cuanto pierdes de vista la carretera, estás solo con la arena y el viento.

Justo enfrente, a un cuarto de hora en barco desde el puerto de Corralejo, asoma la Isla de Lobos, un islote virgen sin coches, sin hoteles y casi sin sombra, con calas de agua transparente y un volcán, la Caldera, que se sube en un paseo corto. Aquí va lo importante y lo que mucha gente descubre tarde: para pisar Lobos necesitas un permiso gratuito obligatorio que se pide por internet al Cabildo de Fuerteventura, porque la isla tiene un cupo diario de visitantes (unos 400 al día, repartidos en dos turnos de 200, mañana y tarde) para no estropear su ecosistema. Si reservas el ferry con una naviera autorizada, ellos suelen gestionarte la autorización, pero confírmalo antes de ir. Sin permiso, no hay isla.

El Cotillo y la costa oeste

Bajando por la costa noroeste llegas a El Cotillo, un viejo pueblo de pescadores que ha sabido guardar su calma pese al turismo. Tiene dos caras y las dos merecen la pena: al norte, unas lagunas de agua tranquila y turquesa (las de La Concha y Los Lagos) perfectas para bañarse con niños o simplemente flotar; al sur, playas salvajes de olas fuertes que enamoran a los surfistas. Un poco más arriba está el Faro del Tostón, de franjas rojas y blancas, con un pequeño Museo de la Pesca Tradicional dentro, y cerca la Torre del Tostón, una atalaya que se levantó hacia 1700 para vigilar la costa de los ataques piratas. El Cotillo es también uno de los mejores sitios de la isla para quedarse a ver la puesta de sol con un plato de pescado fresco delante.

Si quieres seguir explorando la costa, en las mejores playas de Fuerteventura tienes cada arenal con su carácter, porque en esto Fuerteventura no tiene rival en Canarias: playas para todos los gustos y para todo el año.

Pueblos con alma: Betancuria y Ajuy

Fuerteventura no va solo de playa. Tierra adentro, en un valle verde y protegido rodeado de montañas, está Betancuria, que fue la primera capital de la isla. La fundó el conquistador normando Jean de Béthencourt en 1404, y no la puso junto al mar por una razón muy práctica: metida en el interior estaba más a salvo de los piratas. Fue capital durante siglos, hasta que en el XIX el título pasó a Puerto de Cabras, hoy Puerto del Rosario. Hoy es un pueblo de casas blancas, calles empedradas y una iglesia bonita, con la carretera de curvas que sube hasta allí regalando algunos de los miradores más impresionantes de la isla. Es la parada perfecta para entender de dónde viene la Fuerteventura de antes de las sombrillas. Y si te interesa esa historia, más al norte, en La Oliva, puedes visitar la Casa de los Coroneles, una imponente residencia señorial de los siglos XVII y XVIII con patio de armas y balcones de madera: desde aquí mandaron en la isla los coroneles, que reunían el poder militar y civil, hasta mediados del siglo XIX, y hoy es un centro cultural. Aprovecha además que estás en la Fuerteventura rural para parar en alguna quesería artesanal del camino y comprar el queso majorero directamente al productor, fresco o curado.

En la costa oeste, bajando por Pájara, está el pueblecito pesquero de Ajuy, de playa de arena negra y unos pocos restaurantes de pescado con las redes casi metidas en el agua. Desde allí sale un sendero corto, de poco más de un kilómetro por un acantilado, que lleva a las Cuevas de Ajuy. Y aquí hay un dato que pone la piel de gallina: las rocas de estos acantilados están entre las más antiguas de todo el archipiélago canario, sedimentos que se formaron en el fondo del océano hace más de cien millones de años, mucho antes de que las islas emergieran. Ve con calzado con agarre y ojo con la marea y el oleaje, porque el sendero pega al borde y en esta costa oeste el Atlántico es traicionero: los golpes de mar repentinos son un peligro real, así que mantente lejos del filo de las rocas mojadas.

Para ir en familia

El plan familiar por excelencia de la isla está en el sur, en La Lajita: el Oasis Wildlife Fuerteventura (el antiguo Oasis Park). Es un parque enorme, más de un millón de metros cuadrados, que junta jardín botánico, reserva de animales y espectáculos, y presume de tener una de las mayores reservas de camellos de Europa. Da para una jornada entera con los peques, entre el paseo en camello, las aves y un jardín de cactus que impresiona. Compra las entradas online, que suele salir más barato y te ahorra cola.

Y para completar el día en familia, las lagunas tranquilas de El Cotillo que te contaba antes son de agua calmada y poca profundidad, ideales con niños pequeños; las tienes una a una, con su acceso y sus servicios, en las mejores playas de Fuerteventura.

Cómo organizar la visita

Fuerteventura se entiende, a grandes rasgos, en tres tramos: el norte, con Corralejo, sus dunas, Lobos y El Cotillo; el centro y el interior, con Betancuria, los molinos y los pueblos majoreros; y el sur, la larga península de Jandía, donde están las playas más salvajes y el rincón más mítico de la isla, Cofete. Con tres o cuatro días completos ves lo esencial sin agobios, y una semana te deja margen para perderte por las calas sin mirar el reloj.

El coche es casi imprescindible: las distancias en el mapa engañan poco porque las carreteras son largas y rectas, pero los mejores rincones están al final de pistas de tierra. El caso más claro es la Playa de Cofete, al otro lado de la montaña de Jandía: catorce kilómetros de arena virgen sin chiringuitos, sin baños y casi sin cobertura, con la misteriosa Villa Winter presidiendo el valle. Esa casa, que construyó el ingeniero alemán Gustav Winter en los años cuarenta, arrastra toda clase de leyendas (que si base nazi, que si espías), aunque su biógrafo lo desmiente y lo explica como un proyecto de explotación agrícola. A Cofete se llega solo por una pista de tierra larga y estrecha, y aquí va el aviso honesto: la mayoría de seguros de coche de alquiler no cubren esa pista, así que valora ir en un 4x4, en excursión organizada o en el guagua-taxi (la línea 111 de Tiadhe, un autobús todoterreno que sube dos veces al día) desde Morro Jable. Y un aviso todavía más importante: Cofete no es una playa para bañarse. No hay socorristas y las corrientes de retorno son muy fuertes y traicioneras, capaces de arrastrar mar adentro incluso a buenos nadadores; es un sitio para contemplar, caminar y respetar al Atlántico, no para meterse al agua. No es un sitio para improvisar, pero si te atreves, es de esos paisajes que no se olvidan.

Un último apunte para quien busca cielos: al ser una isla baja, sin apenas contaminación lumínica en muchas zonas, Fuerteventura regala noches de estrellas espectaculares. Si te tira el plan, en nuestra guía de dónde ver las estrellas en Canarias tienes los mejores puntos y las fechas clave.

En islas24 tienes cada uno de estos lugares con su ubicación, sus horarios y cómo llegar, para que montes tu ruta sin sorpresas. Elige por dónde empezar y deja que el viento haga el resto.

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