
Qué ver en Tenerife: los lugares imprescindibles
Hay islas que se recorren en un día. Tenerife no es una de ellas. En apenas 80 kilómetros de punta a punta cabe el pico más alto de España, un bosque de niebla que parece de otro tiempo, pueblos coloniales, acantilados de cientos de metros y un árbol que ya estaba aquí siglos antes de que nadie llegara a contarlo. La pregunta no es tanto qué ver en Tenerife, sino por dónde empezar.
Aquí no están todos los sitios (para eso tienes el mapa entero en islas24). Están los imprescindibles, ordenados por lo que te apetezca ese día: naturaleza, pueblos o planes en familia.
El Teide, el techo de España
Si solo pudieras ver una cosa, sería esta. El Parque Nacional del Teide corona la isla con 3.715 metros y es uno de los parques nacionales más visitados de Europa. Los guanches, los antiguos habitantes de Tenerife, creían que en su interior vivía Guayota, el demonio que había encerrado al Sol; por eso lo llamaban Echeyde, "el infierno". Hoy subes en teleférico casi hasta la cima y, si el cielo acompaña, entiendes por qué este es uno de los mejores lugares del mundo para mirar las estrellas; si quieres ir a tiro hecho, en la guía de dónde ver las estrellas en Canarias tienes los mejores puntos y las fechas clave.
Para subir al pico propiamente dicho (los últimos 200 metros) necesitas un permiso gratuito que se pide con semanas de antelación en la web de Parques Nacionales; sin él, el teleférico te deja en el mirador de la Rambleta, que ya merece el viaje. Y una novedad de 2026: el refugio de Altavista, a 3.260 metros y cerrado desde 2019, ha reabierto el 20 de julio tras una reforma integral; pasar allí la noche (solo una, y con reserva previa) te permite subir a la cima al amanecer sin el permiso ordinario, con tarifas desde unos 29 euros para residentes en Tenerife. Ten en cuenta también una norma reciente: está prohibido fumar en todo el Parque Nacional para prevenir incendios, con multas de 100 a 1.000 euros. Dedica media jornada larga si vienes desde la costa: la carretera sube despacio. Y un truco de los de aquí: si abajo hay nubes, no te rindas, muchas veces por encima de los 2.000 metros el cielo está limpio y ves el famoso mar de nubes a tus pies. Sube con tiempo y con algo de abrigo. Arriba hace frío aunque abajo estés en bañador.
Masca, Anaga y la isla verde
Al noroeste, escondido entre montañas, está Masca: un caserío diminuto al final de una carretera de curvas imposibles, asomado a uno de los barrancos más espectaculares de Canarias. Se llega en coche desde Santiago del Teide, pero ve con calma, el trayecto es estrecho y de doble sentido, y en temporada alta conviene madrugar para encontrar sitio. Si te animas a bajar el barranco caminando, en la guía del Barranco de Masca te lo contamos paso a paso; ten en cuenta que la ruta requiere reserva previa y no es apta para todos los públicos.
Al noreste, el Parque Rural de Anaga es otro mundo: laurisilva, niebla y helechos, un bosque declarado Reserva de la Biosfera que sobrevive casi igual que hace millones de años, cuando cubría buena parte del Mediterráneo. Caminar por Anaga es, literalmente, viajar en el tiempo. Reserva una mañana entera y empieza por el Cruz del Carmen, donde hay centro de visitantes y varios senderos señalizados; si el día amanece cerrado de niebla, mejor, así es como este bosque enseña su cara más bonita. Algunos de los rincones más mágicos, como el bosque de El Pijaral (el "bosque encantado"), tienen el aforo limitado y piden un permiso gratuito previo al Cabildo, así que mira antes de ir para no llevarte un chasco. Y si lo tuyo son las vistas, muchos de los mejores miradores de Tenerife están precisamente en Anaga y en las faldas del Teide.
Pueblos con alma: La Laguna, Garachico e Icod
San Cristóbal de La Laguna, la antigua capital, es Patrimonio de la Humanidad: su trazado en cuadrícula sirvió de modelo para muchas ciudades de América. Se recorre a pie en un par de horas, con sus casonas de colores, patios canarios y una vida universitaria que le da ambiente todo el año. Aparca en un parking del centro y piérdete por las calles peatonales sin prisa.
En Garachico, un pueblo que un volcán estuvo a punto de borrar del mapa en 1706, hoy te bañas en las piscinas naturales de El Caletón, formadas por aquella misma lava (si te gustan estos baños, tienes muchos más en la guía de charcos y piscinas naturales de Tenerife). Ve con marea baja y calzado que agarre en la roca, y quédate a comer pescado fresco en el pueblo, que se ha ganado la fama con motivos.
Y en Icod de los Vinos te espera el Drago de Icod de los Vinos, el drago milenario y símbolo de la isla: un árbol que, según la leyenda, sangra savia roja, la "sangre de dragón" que buscaban los antiguos. Se ve bien desde la plaza de la iglesia sin pagar entrada, aunque el parque del drago añade jardín y buenas vistas. Aprovecha que estás en Icod para probar el vino de la zona, que es lo que da nombre al pueblo; muchos guachinches de Tenerife del norte nacieron precisamente para acompañar ese vino con comida casera. Los auténticos están en el norte vinícola (Tacoronte, Santa Úrsula, el valle de La Orotava) y solo abren por temporadas, mientras les dura su propia cosecha, así que no los confundas con los "guachinches turísticos" del sur.
Para ir en familia
Tenerife es cómoda con niños. El Loro Parque, en Puerto de la Cruz, está considerado uno de los mejores zoológicos del mundo; cuenta con una jornada entera para verlo con calma, y compra la entrada online que suele salir más barata y evitas cola. El Siam Park, en el sur, encabeza año tras año los rankings de mejores parques acuáticos del planeta; ve temprano, porque las atracciones grandes acumulan espera a mediodía. Un truco para el bolsillo: si piensas ir a los dos, el Twin Ticket combina la entrada de Loro Parque y Siam Park y sale bastante más barato que comprarlas por separado.
Para ver animales de cerca sin salir del plan familiar, el Jungle Park es otra apuesta segura. Y para una tarde diferente, las Pirámides de Güímar mezclan misterio y etnografía en un jardín junto al mar, con la teoría de Thor Heyerdahl de fondo y un paseo botánico agradable de una hora larga. Si buscas rincones menos conocidos del sur, la guía de Punta de Abona te da algunas ideas.
Cómo organizar la visita
Tenerife se divide, a grandes rasgos, en dos mundos: el norte, verde, húmedo y de pueblos; y el sur, seco, soleado y de playas. Lo ideal es no elegir, dedica un par de días a cada lado. Con tres o cuatro días completos ves lo esencial sin agobios; una semana te deja margen para el Teide, Anaga y algún día de playa (aquí tienes las mejores playas de Tenerife) sin correr.
El coche es casi imprescindible para llegar a los mejores rincones, y muchos de ellos están, como casi todo lo bonito de la isla, al final de una carretera estrecha. La guagua (así llamamos aquí al autobús) conecta bien los núcleos grandes y es económica con el bono, pero para Masca, Anaga o un mirador perdido te quedas corto. Si conduces, cuenta con que las distancias en el mapa engañan: son pocos kilómetros pero muchas curvas, y el norte suele estar más nublado que el sur, así que mira el cielo antes de decidir el plan del día.
En islas24 tienes cada uno de estos lugares con su ubicación, sus horarios y cómo llegar, para que montes tu ruta sin sorpresas. Elige por dónde empezar y deja que la isla haga el resto.





